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jueves, 16 de octubre de 2025

SEGUNDO MISTERIO GLORIOSO. LA ASCENSIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO A LOS CIELOS


LA ASCENSIÓN

Autor.- En la actualidad se desconoce el autor de esta obra.
Fecha de ejecución.- Como ocurre con el autor, en la actualidad se desconoce la fecha exacta en la que fue realizada esta obra, pudiéndose datar como una obra del siglo XVII.
Técnica.- Óleo sobre lienzo.
Medida.- 175 x 122 cm.
Lugar donde se encuentra.- Museo de Ciudad Real
Localidad.- Ciudad Real.
País.- España.

TEXTO DEL LIBRO DE LOS HECHOS DE LSO APÓSTOLES

    Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino 

    «aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días». 

    Los que se habían reunido, le preguntaron, diciendo: 

    «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino a Israel?». 

    Les dijo: 

    «No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad; 8en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta el confín de la tierra». 

    Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: 

    «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo».

Hechos 1, 4 - 11 

TEXTO MEDITATIVO DE SU SANTIDAD SAN JUAN PABLO II

En la providencia de Dios —en el eterno designio del Padre— había llegado para Cristo la hora de partir. Iba a dejar a sus Apóstoles con su Madre, María, pero sólo después de haberles dado instrucciones. Ahora los Apóstoles tienen una misión que cumplir siguiendo las instrucciones que les dejó Jesús, instrucciones que eran a su vez expresión de la voluntad del Padre. Las instrucciones indicaban ante todo que los Apóstoles debían esperar al Espíritu Santo, que era don del Padre. Desde el principio estaba claro como el cristal que la fuente de la fuerza de los Apóstoles. es el Espíritu Santo. Es el Espíritu Santo quien guía a la Iglesia por el camino de la verdad; se ha de extender el Evangelio por el poder de Dios; y no por medio de la sabiduría y fuerza humanas. Además, a los Apóstoles se les instruyó para enseñar y proclamar la Buena Nueva en el mundo entero. Y tenían que bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Al igual que Jesús, debían hablar explícitamente del Reino de Dios y de la salvación. Los Apóstoles tenían que dar testimonio de Cristo "hasta los confines de la tierra". La. Iglesia naciente entendió claramente estas instrucciones y comenzó la era misionera. Y todos supieron que la era misionera no terminaría antes de que volviera de nuevo el mismo Jesús que había ascendido al cielo. Después de haber pasado por la humillación de su pasión y muerte, Jesús ocupa su puesto a la diestra de Dios, ocupa su puesto junto a su eterno Padre. Pero también entró en el cielo como Cabeza nuestra. Según las palabras de San León Magno, "la gloria de la Cabeza" se convirtió en "la esperanza del cuerpo" (cf. Sermón sobre la Ascensión del Señor). Para toda la eternidad Jesús ocupa su puesto de "primogénito entre muchos hermanos" (Rom 8, 29): nuestra naturaleza está con Dios en Cristo. Y en cuanto hombre el Señor Jesús vive para siempre intercediendo por nosotros ente su Padre (cf. Heb 7, 25). Al mismo tiempo, desde su trono de gloria Jesús envía a toda la Iglesia un mensaje de esperanza y una llamada a la santidad.

San Juan Pablo II. Homilía Solemnidad de la Ascensión. Gruta de Lourdes 27 de mayo de 1979

ORACIÓN FINAL DEL MISTERIO

Concédenos, Dios todopoderoso, 
exultar de gozo y darte gracias
 en esta liturgia de alabanza, 
porque la ascensión de Jesucristo, tu Hijo, 
es ya nuestra victoria, 
y donde nos ha precedido él, 
que es nuestra cabeza, 
esperamos llegar también nosotros, 
como miembros de su cuerpo. 

jueves, 22 de mayo de 2025

SEGUNDO MISTERIO GLORIOSO. LA ASCENSIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO A LOS CIELOS


LA ASCENSIÓN

Autor.- Esta obra salió de los pinceles de Juan de Flandes.
Fecha de ejecución.- Juan de Flandes realiza esta obra entre el año 1514 y el año 1519
Técnica.- Oleo sobre madera.
Medida.- 110 x 84 cm.
Lugar donde se encuentra.- Museo Nacional del Prado.
Localidad.- Madrid.
País.- España.

TEXTO DEL LIBRO DE LOS APÓSTOLES

    Entonces se volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado. Cuando llegaron, subieron a la sala superior, donde se alojaban: Pedro y Juan y Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de Alfeo y Simón el Zelotes y Judas el de Santiago. Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y con sus hermanos. Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.

Hechos 1, 12 - 14. 2, 1 - 4 

MEDITACIÓN DEL SANTO PADRE SAN JUAN XXIII

    En este cuadro contemplamos la consumación de las promesas de Jesús. Es su respuesta a nuestro anhelo del cielo; y el retorno definitivo al Padre, de quien procede y vino al mundo, es seguridad para todos nosotros a quienes ha prometido un puesto allá arriba: vado parare vobis locum (Juan 14, 2).

    Este misterio se ofrece ante todo como luz y advertencia para las almas en orden a la vocación de cada uno. Está bosquejando el movimiento espiritual que llega a la santificación, el anhelo de continuas ascensiones que preparan el alma a la «medida de la plenitud de Cristo» (Ef 4, 13); en tal esfuerzo de perfección están comprendidos los sacerdotes, los religiosos y las religiosas, misioneros y misioneras, seglares distinguidísimos, almas que quieren ser buen perfume de Cristo (cf. 2Cor 2, 15) y viven ya en una transmisión de vida celestial.

    La enseñanza de esta decena es una exhortación a no dejarse distraer por aquello que apesadumbra, sino abandonarse a la voluntad del Señor que nos conduce en alto. Los brazos de Jesús, en la hora de su regreso al padre, ascendiendo al cielo, se abren en un gesto de bendición sobre los primeros apóstoles, sobre todos los que, tras sus huellas, siguen creyendo en él, y tienen en su corazón un plácida y serena seguridad del encuentro último con él y con todos los salvados, en la felicidad eterna.

ORACIÓN FINAL DEL MISTERIO

Concédenos, Dios todopoderoso, 
exultar de gozo y darte gracias
 en esta liturgia de alabanza, 
porque la ascensión de Jesucristo, tu Hijo, 
es ya nuestra victoria, 
y donde nos ha precedido él, 
que es nuestra cabeza, 
esperamos llegar también nosotros, 
como miembros de su cuerpo. 

FIN DE UNA ETAPA

    Con la publicación del quinto misterio glorioso, la Coronación de la Virgen María, hemos llegado al final de esta etapa que comenzó el a...